Quizás lo que Nietzsche intentó comunicarnos, a modo de ítems, fue el tránsito de la filosofía por la historia occidental. La historia de un error que comienza con Platón. Podríamos pensar que el error de él fue concebir las Ideas como un mundo aparte, completamente ajenas al hombre pero consideradas como el sitio donde éste debía arribar (la búsqueda de la sabiduría, de una Verdad dilucidante). Continuada esta verdad absoluta, esta luz enceguecedora con la línea de la tradición Cristiana y la dulce y complaciente promesa de “un mundo verdadero”: el cielo, el alivio eterno y por qué no, Dios. Pero mientras tanto, aquella preciosa oferta se presenta inalcanzable. Como tercer ítem en este trazado histórico, Nietzsche nos encuentra totalmente escépticos ante el tan nombrado mundo verdadero. Lo define como inalcanzable, y las Ideas simplemente yacen congeladas. El siguiente peldaño es la despabilada razón que despierta al positivismo y con ello nacen los modelos racionalistas difundiendo el “atenerse a los hechos”. Esta Razón es la inspiración del dominante avance de las ciencias y su necesidad de imponerse a punto de convertirse en una nueva religión. Finalmente, en el descanso de esta escalera (que no se sabe si asciende o desciende) ya no encontramos un mundo verdadero, ni real ni aparente. Tal vez, con el fin de la concepción de un mundo verdadero sea el fin de la humanidad.
Esta es la historia dibujada por Nietzsche (torpemente reinterpretada en una confusa madrugada, canta el gallo del estudiante irresponsable)

"Voy al baño, luego pienso"


No hay comentarios:
Publicar un comentario