La extraordinaria ficción de nuestros días se consuma como el cigarrillo que muere sobre el cenicero. Sólo nos quedan apariencias retiradas
Ni un salvavidas.
Ni vos, ni yo.
No existe placebo para tanta languidez
Me duele el orgullo, la simpatía y las horas que sonreí
Ni un salvavidas que pueda sustentarme en el mar de lamentos que me rodea.
Inmenso mar de sombras y desaires. Las sombras que dejaste al irte.
Y si nos ahogamos hoy,
ni un salvavidas…
sobre el cenicero...
viernes, 22 de mayo de 2009
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Que bueeno este.
ResponderEliminarMe suena que puede ser una buena letra de una canción.
Creo que también me duele el orgullo...