Lloré una laguna, un racimo de estrellas bosquejadas en ella.
También lloré un barco, en el que te apartaste. Lloré la ausencia, el espacio lleno de vacío.
Remojé el iris, y allí preparé algo suave como el café. Como esas mañanas de medialunas, mediodías de mediasnostalgias y enteras también.
Con ternura lloré el frasquito de perfume que tanto te gustaba para que no extrañaras una gota de mí.
Lloré un jacarandá para poder reclinarme en la espera y seguir llorando. Suspiraba lagrimitas.
Lloré tanto que la muerte parecía cercana. Soñaba con tigres de agua.
Y así lloré hasta el abismo, pero había llorado tanto que se convirtió en océano. Peces de colores nadaban en mis ojos, de sal eran el sonido del otoño y el adiós.
Remojé el iris, y allí preparé algo suave como el café. Como esas mañanas de medialunas, mediodías de mediasnostalgias y enteras también.
Con ternura lloré el frasquito de perfume que tanto te gustaba para que no extrañaras una gota de mí.
Lloré un jacarandá para poder reclinarme en la espera y seguir llorando. Suspiraba lagrimitas.
Lloré tanto que la muerte parecía cercana. Soñaba con tigres de agua.
Y así lloré hasta el abismo, pero había llorado tanto que se convirtió en océano. Peces de colores nadaban en mis ojos, de sal eran el sonido del otoño y el adiós.
Me volví termal y delgada. Me convertí en salero de mesa sin pimienta.
Lloré tanto que fluía mi esencia por todas las calles, los colectivos me pisaban. Era el éter.
Era yo en los charcos oscuros y sucios, en las duchas ágil y liviana me deslizaba por tu cuerpo. Te sumergías en mí. Era yo un Uno y múltiples gotas. La metafísica que contemplabas.
Era el vaso de agua que te servías antes de acostarte. Aún soy el espejo de agua que extraña ver reflejada tu imagen.- Y así lloré una tibia cascada de palabras...
Lloré tanto que fluía mi esencia por todas las calles, los colectivos me pisaban. Era el éter.
Era yo en los charcos oscuros y sucios, en las duchas ágil y liviana me deslizaba por tu cuerpo. Te sumergías en mí. Era yo un Uno y múltiples gotas. La metafísica que contemplabas.
Era el vaso de agua que te servías antes de acostarte. Aún soy el espejo de agua que extraña ver reflejada tu imagen.- Y así lloré una tibia cascada de palabras...


¡Un poco desilusionada al respecto!
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