sábado, 23 de mayo de 2009

Moléculas


Lloré una laguna, un racimo de estrellas bosquejadas en ella.
También lloré un barco, en el que te apartaste. Lloré la ausencia, el espacio lleno de vacío.
Remojé el iris, y allí preparé algo suave como el café. Como esas mañanas de medialunas, mediodías de mediasnostalgias y enteras también.
Con ternura lloré el frasquito de perfume que tanto te gustaba para que no extrañaras una gota de mí.
Lloré un jacarandá para poder reclinarme en la espera y seguir llorando. Suspiraba lagrimitas.
Lloré tanto que la muerte parecía cercana. Soñaba con tigres de agua.
Y así lloré hasta el abismo, pero había llorado tanto que se convirtió en océano. Peces de colores nadaban en mis ojos, de sal eran el sonido del otoño y el adiós.
Me volví termal y delgada. Me convertí en salero de mesa sin pimienta.
Lloré tanto que fluía mi esencia por todas las calles, los colectivos me pisaban. Era el éter.
Era yo en los charcos oscuros y sucios, en las duchas ágil y liviana me deslizaba por tu cuerpo. Te sumergías en mí. Era yo un Uno y múltiples gotas. La metafísica que contemplabas.
Era el vaso de agua que te servías antes de acostarte. Aún soy el espejo de agua que extraña ver reflejada tu imagen.- Y así lloré una tibia cascada de palabras...

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