La memoria suele ser como un mar agitado, todos alguna vez naufragamos.
Los rendidos se recuestan en las plegarias, sobre suelos agrietados. Las lágrimas se les secan en las mejillas; tanta sal no les deja ver. A los Otros, el viento les arrastra un gesto de entrega… a todos esos pueblos que resisten desvelados, los renueva. Es por eso que América no necesita rezar por la noche; se despierta con las mañanas sedientas de sol, tiene espíritu de fuego.
Se suben todos, hombres y mujeres, a un tren de convicciones. La clausura del silencio es amenazadora, pero sabrán los corazones distanciarse y buscar a esos Otros, hombres y mujeres, que abren solapadamente el cielo con voces nuevas, con labios de ideales inquietos; los Otros que se enfrentan día a día a los espejos glaciales.
Aquéllos son rostros que levantan pelea a la muerte porque todavía creen que podemos cantarle a los hombres dormidos, a los esclavos; que podemos ganarle a los históricos gigantes: la indiferencia, el sometimiento, la palabra vacía.
Esos Otr que sueñan con la integración y despiertan libres.
Se suben todos, hombres y mujeres, a un tren de convicciones. La clausura del silencio es amenazadora, pero sabrán los corazones distanciarse y buscar a esos Otros, hombres y mujeres, que abren solapadamente el cielo con voces nuevas, con labios de ideales inquietos; los Otros que se enfrentan día a día a los espejos glaciales.
Aquéllos son rostros que levantan pelea a la muerte porque todavía creen que podemos cantarle a los hombres dormidos, a los esclavos; que podemos ganarle a los históricos gigantes: la indiferencia, el sometimiento, la palabra vacía.
Esos Otr que sueñan con la integración y despiertan libres.


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