jueves, 2 de julio de 2009

mikro-khaos.

Ojalá el arte tuviera boca y besara las almas terrenales hasta dejarlas embriagadas.
Ojalá las piernas y locura abrazaran las melodías flamencas y malditas de la sangre hervida; los crepúsculos a las lluvias y desarmara los paraguas. Ojalá olvidáramos la armonía orgánica y nos gastáramos en el accidente musical, en el vómito recurrente de secuencias cadenciales, en los contratiempos.
Los sombreros andarían por el viento; las sombras desprendidas de las figuras.
Sólo habría sonidos de pies; pies sonoros, sonoridades corpóreas, cuerpos sonoros; templos musicales.
Tiempos musicales coloreados en las paredes, en el chasquir de los dedos, en rechinar de los dientes. Tiempos recurrentes, tonalidades a-modales, khaos disonante. Una vez muerto el tabú musical de lo dilatado, discordante y desafinado, seremos realmente libres. Seremos arte(sanos)

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