sábado, 18 de julio de 2009

No hubo, habrá.

La realidad es la bestia más difícil de domar; nos embiste a todos, pero arremete ensañadamente contra algunos. Los consume o se los devora sin piedad.
La indiferencia de los otros es aún peor, siempre es como una roca atravesada.
Los caminos se pusieron imposibles muchas veces, la soledad se volvió para mí una hermana en el desierto del alma, por debajo de las sábanas, apaciguó las noches de fiebre. Todavía duermo y sueño con las libertades que me quedan, las que no consigo, duermo con hojas de otoño o paisajes perdidos de invierno. Por tanto tiempo escuché el quejido de mis huesos, los efectos de una vida sonámbula, el sabor del vino del olvido, el dolor en el llanto de la memoria... todo por beber del bálsamo de unos versos, por emborracharme con los labios de la mentira. Me sedujo la quietud. Me encerraron entre paredones de ladrillo y tuve pies los pies de plomo, inmovilizados. Telarañas colmaban mi interior, rodeaban todas y cada una de mis costillas.
No hubo estrellas en ese firmamento.
No hubo placebos para la sangre.
No hubo cómo aguantar los puñales del silencio.
Apresaron mi cuerpo pero no los pensamientos.
Sobre las brasas casi apagadas arrojé mi voz de rendición y quedé afónica. Hace tiempo ya que soy una voz que sólo sabe gritar, soy un destino con frío y sin saco pero aún de corazón rebelde, espíritu extraño de ojos salvajes. Me queda alguna fuerza en las manos, algún cimiento de cambio, cenizas de esperanza para soplar. Veo la tierra que se levanta por las almas inquietas. El sol no sólo calienta la piel, las ideas arden fervientemente.
Sé que habrá más voces libres
habrá más ojos despiertos.
habrá nueva lucha y nuevos cielos.
Yo soy esta, la de palabras empapadas, nostalgias de amores.
Soy viento insurrecto.

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