sábado, 25 de julio de 2009

Vengo de sal.
El aire me roza así, brutal y extraño. Es hostil.
Me levanta y desparrama sobre los médanos calientes
donde se me abre el pecho, me sangran los pies.
Mi boca aún sostiene unas pocas lágrimas
y tengo mil atardeceres traspasados en la garganta...
Tengo tantas lágrimas sin nombre y todas son tan líquidas como la mañana.
Mis pestañas pequeñas no me contienen, ya no tapan el sol.
Estoy bajo guerra, atrincherada en la soledad.
Caigo siempre rendida sobre los cristales de sal. Me perforan el cuerpo, profanan mi espalda.
Duerme la voz en off y yo no sé vivir, se me suicidan las palabras.
Esta noche de silencios me duele en el estómago.
Tengo el pelo enredado de tanto esperar...

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