Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
Tomó ese tono oscuro del callejón
O acaso aquel romance que sólo nombra
Cuando se pone triste con el alcohol...
Todo resulta lo mismo en las temporadas del odio.
Rechinamos fuerte los dientes contra todo y todoss y así comienza; nos engañamos como si no hubiera nada mejor que hacer. Por las noches bebemos un vaso tibio de cualquier licor: asquerosamente dulce o bien amargo. En cada trago una tempestad. Sin embargo, entre lágrimas, bebemos.
"¿Por qué?" dirá el ingenuo, y sin duda el más perspicaz...
No hay respuestas porque tampoco hay treguas en la vorágine del pensamiento.
Hace tiempo perdimos el miedo a las emociones violentas, el vértigo. Llevamos el placebo en las venas, el alivio y que más que alivio es un consuelo porque el consuelo nos hace llorar cuando nadie nos ve. A nadie esperamos y Dios no nos habla, aunque tantas veces le gritamos en silencio. Pero tenemos la voz cortada, cantos petrificados.
Hace tiempo que estamos en el limbo, bebiéndonos el sudor. En cada acerbo trago...
lo que escribimos se borra. Sólo se nos ve el halo de algo que ya no somos.


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