Están ahí, completamente desnudas las caras de indigencia y miseria.
Las baldozas no alcanzan ya para taparlas; afloran a la vista de todos, que bien gorda está. Las políticas de hoy las trascienden, los seguros no las cubren. No hay techos que los protejan
No son cifras, ni porcentajes andantes. Son pies descalzos, caras sucias y cuerpos desnudos, anémicos que devienen por esta tierra húmeda, empapada en indolencia. Pero ellos no son los enfermos. La sociedad tiene un cáncer, la sociedad nos mata; nosotros como sociedad los matamos por eso es que somos todos pobres y enfermos en este plano.
No necesitamos ningún Dios, ningún chapulín colorado. Todos somos responsables de esta humanidad disfuncional pero también somos aquellos capaces de transformarla, reinventar. Creo que hay que reavivar el fuego del cambio con cada chispa de indignación, por más efímera que parezca.
Quiero ver más fuerzas renovadas
Quiero la igualdad sin olvidar las diferencias
Quiero construcción
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