viernes, 7 de agosto de 2009

Las voces sangrientas, gargantas bien abiertas.
Nada dicen.
Naufragantes en un vaso agonizan las luciérnagas de una noche muerta.
Un ayer errado que se hace polvo en tu espalda.
Me pierdo con esos ojos tan transparentes, es soledad líquida
La bebo, me emborracho pero no hay nada. Nada dicen.
¿Puede adivinar tu cuerpo dónde van mis manos?
Te descubro, quito el velo de una mentira; acaricio el cadáver del absurdo.
Tengo un yelmo para meter toda la ficción en mi cabeza
¿Pueden adivinar tus oídos mis palabras?
ni dulces, ni frágiles. No las comprenden.
Furias, son furias y no de algodón...
que te toquen ellas y te doblen como papel mojado.
Si alguna vez fui dios de tus manos y tus pies, que te traicionen la sístole y la respiración.
Que seas como las luciérnagas de una noche muerta
Y por efecto de azar el veneno de una lágrima te bese los labios.
La luna se cae de su telaraña,
que la sostengan tus piernas entonces.

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