
Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse "memoria poética", y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. La chica hablaba de la tormenta, sonreía al recordarla y él la miraba asombrado y casi sentía vergüenza: ella había vivido algo hermoso junto a él y él no lo había vivido con ella. El doble modo en que la memoria de los dos había reaccionado ante la tormenta nocturna contenía toda la diferencia que hay entre el amor y el no-amor. Al emplear la palabra no-amor, no quiero decir que tuviera una relación cínica con esa chica ni que sólo la reconociese como objeto sexual, por el contrario, la apreciaba como amiga, estimaba su carácter, estaba dispuesto a echarle una mano siempre que lo necesitase. No fue él quien se comportó mal con ella, la que se comportó mal fue su memoria que, por su cuenta y sin la intervención de él, la expulsó de la esfera del amor. Desde que conoció a Teresa ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas. Teresa ocupaba despóticamente su memoria poética y había barrido de ella las huellas de las demás chicas
/ La insoportable levedad del ser.
Milán Kundera.


Hace muchos años que tuve este libro en mis manos. Hago memoria y muchos años significan algo mas de diez (medir así el tiempo impresiona, me da la pauta de que me voy poniendo viejo, sin lugar a dudas)
ResponderEliminarA tal punto ha pasado el tiempo, sin haberlo releído nunca, que ciertamente el texto se me desdibuja hasta volverse casi ilegible.
Sin embargo, la imagen de la "memoria poética" es una de las pocas partes que permanecieron intactas.
Y no podía ser de otra forma...